domingo, diciembre 02, 2012

¿Son las energías de Shangó y Oshún mutuamente excluyentes?




Estimados lectores dándole mayor

continuidad y amplitud de

conocimiento,  queremos en este

momento compartir con ustedes

este muy buen material realizado por Ifá Pagano (Ojuani Ni Shiddí), esperamos que sea de su gran agrado.




El fundamentalismo lleva irremediablemente al fanatismo, y este conduce invariablemente a la falta de respeto, pero no a la ofensa vulgar y soez, sino al mayor de los insultos, aquel que va dirigido a la razón, al libre arbitrio del hombre, a su conciencia y su pensamiento. Todo fenómeno en el universo está sujeto a comprobación, aún si no se le encuentra explicación en el momento, y ningún texto escrito por el hombre es sagrado, pues la imperfección humana y sus debilidades son una fuente constante de tentación que puede dar como resultado la manipulación. Un ejemplo clásico son los cuatro evangelios de la iglesia católica, los cuales fueron escritos hasta 400 años después de que ocurrieron los sucesos del profeta Jesús de Nazaret, con el agravante de que en la época  oscurantista de la humanidad, la iglesia católica los manipuló y censuró todo aquello que “no convenía” al dogma, e inclusive relegó al olvido mediante la amenaza con la santa inquisición a todo aquel que leyera, revelara o reprodujera parcialmente o en su totalidad a los llamados “evangelios apócrifos”, y es hasta ahora, después de casi 19 siglos que salen a la luz pública los evangelios de: “María Magdalena” “Tomás el mellizo” “Judas Iscariote” y hasta del mismo “Jesús el Cristo” que le iglesia de Saulo de Tarso trató de ocultar para siempre; de manera que en el dogma católico prevaleciera solo la cosmovisión de una reducida cúpula de sacerdotes. Igualmente ha ocurrido en la religión afrocubana de los Orishas, pues el cuerpo literario de los códices de Ifá de la diáspora africana han sido manipulados, pues es un hecho notable y que ahora se sabe por boca de unos pocos sacerdotes de Orunmila cubanos, que en el cuerpo literario de los códices de Ifá que usamos diariamente los sacerdotes de Ifá, están infectados con sentencias negativas destinadas a perjudicar a determinados sacerdotes de la religión, pues quienes escribieron esos dictámenes en Ifá, consideraban a esos correligionarios detractores, enemigos, o una fuerte competencia en el acaparamiento de ahijados, y por lo tanto querían con esa vil acción perjudicarlos y descalificarlos, bajeza religiosa que no habla en favor del código ético de Ifá que debe asumir en pleno quien lleve el ropaje del sacerdocio de los Orishas. Pero lo cumbre del asunto, es que una serie de legos fanáticos, se enfurecen si usted se atreve a cuestionar esas manipulaciones del cuerpo literario de Ifá cubano, y para ello invocan el título que ellos mismos se otorgaron de: “Defensor de nuestras tradiciones” y como razón, solo alegan la frase lugar común de que “La palabra de Orunmila no cae al piso”, la cual pretende anular toda manifestación de libre albedrío en el hombre. Es por eso que quien estas líneas escribe, se ha preocupado por investigar la verdadera esencia de los signos de los códices de Ifá, y para ello ha acudido al único sitio donde se encuentra la verdad: El cielo astrológico de la novena esfera, plano en el que se halla el lenguaje escrito de los Orishas; ese si es el cielo verdadero, donde la palabra de los Dioses yoruba se encuentra pura y libre de las manipulaciones sacerdotales, pues en el cielo poético de Ifá, ya el lenguaje de los Orishas fue manipulado por sacerdotes de los cuales muchas veces desconocemos que intenciones tenían cuando lo escribieron en el cuerpo literario de Ifá.  Quiero aclarar, que quien suscribe, en ningún momento quiere descalificar la totalidad de lo escrito en Ifá, pues es mucho lo que he aprendido por medio de ese recurso, pero si deseo conservar el derecho que me otorga mi conciencia al beneficio de la duda.

En el signo de Obara Bogbe de nuestros códices de Ifá, existe una sentencia que reza: “Los hijos de SHANGÓ no pueden coronar a los hijos de OSHÚN y viceversa”, la cual está respaldada por una historia mitológica que relata que la sentencia provino del mismo Olofi, pues Shangó mataba a las personas que Oshún coronaba en un pueblo que estaba muy atrasado, situación que tenía como fondo una tierra donde sus habitantes pasaban miserias y hambre, por lo que Oshún decidió ayudarlos para que prosperaran; esto por alguna razón enfureció a Shangó, pues él no deseaba ni la salud ni la prosperidad para los moradores de esa tierra. La primera fisura que encontramos en ese poco creíble cuento, es la conducta miserable de Shangó, al no permitir que Oshún ayudara a salir de la miseria y la enfermedad en la que se encontraban sumidos los que vivían en ese pueblo, y es que es difícil para este escribidor, aceptar las conductas humanas que se le han endilgado a los Dioses yoruba; pero si al caso vamos, ni Shangó ni Oshún pueden ser dueños de la voluntad de un pueblo entero, pues el único que tiene esa potestad es Elegbara y su octava superior Eshu, lo que está bien definido en el signo de Ifá Otura el Diablo, donde Elegguá era dueño de la voluntad de todo un pueblo; y es que mientras las energías de Shangó y Oshún son personales, en cambio Elegguá es el único que logra cuando se despolariza hacia su octava superior, que sus energías dejen de ser personales para volverse colectivas.

Pero escudriñemos la novena esfera celeste para buscar una respuesta y así comprobar si las energías de Shangó y Oshún son mutuamente excluyentes en una persona, es decir si la presencia de una de ellas imposibilita la aparición de la otra. Si observamos detenidamente la figura “Macrocosmos” del comienzo del artículo, la cual representa a la novena esfera celeste, nos damos cuenta que las energías de Shangó que tienen características solares, se oponen a las de Oshún de características venusinas, y aquí es necesario recordar que los opuestos se atraen y se complementan el uno al otro, pues es una ley universal, amén de que las características de género (masculino – femenino) de ambos Oshas hace más poderosa la atracción entre ambas energías. Ahora revisemos los cuadruplicidades (fuego, agua, aire y tierra); Shangó representa al fuego, y de hecho sus energías puras parten del segundo decanato del signo de Leo, y las de Oshún son duales, pues sus energías puras se generan en la novena esfera desde el segundo decanato de Tauro y en el primer decanato de Libra, los cuales son signos de Tierra y Aire respectivamente; es de hacer notar que el elemento agua queda excluido, ello muy a pesar de que Oshún es la Diosa yoruba de las aguas, argumento panteísta y fundamentalista que seguro usarán en contra mía para explicar que agua y fuego no se ligan, demostrándome así que no adoran a la causa sino al efecto al ubicar a ambos Orishas en la candela y en el agua respectivamente. Los planetas en el cielo se mueven, por lo tanto sus energías al formar aspectos geométricos con otros planetas generan lo que nosotros en los oráculos yoruba llamamos iré y osogbo, y ya una vez pude demostrarlo a todos aquellos sacerdotes de los Orishas venezolanos que se atrevieron a asistir a mis talleres de astrología para los practicantes de la religión yoruba; por cierto que la cara de esos participantes era todo un poema, pues cuando les mostré los gráficos de los ciclos planetarios  del software astrológicoZodiac beta 3.77 y con esa herramienta les adiviné si habían venido en Iré u Osogbo en cada Itá de Osha o de Ifá, no se lo podían creer, y hasta un sacerdote de Orunmila que se encontraba presente me dijo las siguientes palabras: “Olúo cuando explicaste eso, algo en el cerebro me hizo clic”, y eso es lógico, pues ese es el sonido del quiebre de los viejos paradigmas religiosos que aseguran que el iré y el osogbo del cielo son producto de la ira o de los  premios y castigos de los Orishas.

Lo cierto, es que quien escribe este artículo, tiene la autoridad para afirmar categóricamente que: No cree ni acepta que los hijos de Oshún y de Shangó tengan prohibido iniciarse entre si, no hay razón lógica que lo justifiqué, y se los asegura quien tiene como alagbatorí a Shangó y como complemento femenino a Oshún, y que además fue víctima de la ignorancia de quienes me iniciaron como sacerdote de Osha, al permitir que el Oba eni Oriaté que me raspó la lerí, no alineara los atributos de mi Oshún con mi cabeza, sino que me los colocaran en el hombro, y eso es un error garrafal en la mecánica del yoko Osha, pues es admitir tácitamente que las energías de Oshún no pasan por la corona de los hijos de Shangó… Ahora yo me pregunto, si algunos creen ciegamente en esa patraña supersticiosa, entonces: ¿Por qué no eliminan cierto color en el Osun y en las telas de la parada cuando el hijo de Shangó se inicia en el sacerdocio de Osha? También quisiera que alguien en su sano juicio me explicara: ¿Cómo es eso de que esa prohibición no tiene validez cuando se trata de un Oriaté? Y no me vengan con el cuento de que queda liberado de esa prohibición con la ceremonia de Irete Kután, pues son muy pocos los oriateces que la tienen hecha, al menos acá en Venezuela, amén de que conocí personalmente a una señora hija de Oshún quien ha coronado a media docena de hijos de Shangó y aún no les ocurren las muertes y desgracias tan a menudo anunciadas por los supersticiosos de esta religión.

Pero una vez más apelaré al cielo real para desmentir la especie de que un Oshún no puede iniciar a un Shangó, ni un Shangó puede hacer un Oshún. Uno de los tránsitos planetarios más importantes en la astrología es el denominado “conjunción solar”, pues es la cita del Sol con uno u otros planetas en un mismo lugar del cielo; y es en el astro Rey donde se focaliza nuestro ego; de manera que en el caso de la conjunción entre Venus y el Sol, confluyen las energías de Oshún y Shangó. Ahora veamos, el ego es bipolar, por lo que existe uno superior y uno inferior; y si ambos son bañados por las energías de Venus, la pregunta sería: ¿Quien corrompe a quién? Shangó por un lado simboliza al espíritu en cuyo seno se encuentra nuestro ego, el cual es susceptible de ser corrompido para que se manifieste el ego inferior (Shangó falso) y no el superior (Shangó verdadero), por otro lado Oshún simboliza la unión entre alma y cuerpo, y es precisamente en el alma donde se haya insertado el libre arbitrio del hombre, el cual decide dejarse o no corromper; pero ¿Acaso entre todos los hijos de Shangó, no hay uno solo que tenga la voluntad de sobreponerse a las veleidades que le propone la arista sensual de las energías de Oshún? Seguro que si lo habrá, pero el que escribió esa dudosa sentencia en el cuerpo literario del signo Obara Bogbe, a lo mejor se le ocurrió que debía meter en un saco a todos por igual, o quizás fue más sencillo, y a un sacerdote miserable se le ocurrió impedir alguna relación religiosa entre un hijo(a) de Oshún y un hijo(a) de Shangó ¿Quien sabe? Pues ya ese sacerdote se debe haberse llevado el secreto a la tumba, pero seguramente riéndose, pues a lo mejor pensó que eso nunca sería cuestionado ni borrado del cuerpo literario de los códices de Ifá, pues él era el Rey en la tierra de los ciegos.

Rubén Cuevas
Sacerdote de Ifá y astrólogo

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