sábado, noviembre 25, 2017

Hibrídos o Mestizaje Cultural Religiones Afroindocaribeñas. final

Regla de Osha:

La Regla de Osha es el conjunto de procedimientos y métodos que rigen a la práctica religiosa originada en Cuba alrededor de 1904, producto de la mezcla de elementos procedentes de las etnias de origen africano que hacían vida en las barracas de los ingenios azucareros y plantaciones, junto con elementos del catolicismo europeo, cultura de los dominadores blancos; así como algunos elementos propios de la cultura Taina propia de los indígenas de Cuba y Puerto Rico.  

Desde el Siglo XVII en Cuba existió población yoruba pero ella representaba más o menos el ocho por ciento del total de mano de obra esclava, integrada también por Congos, Minas, Efik y Efok. La fe estaba dividida entre Nfumbis, Iremes y Orishas. 

Por parte de los Yoruba, las primeras formas de iniciación fueron las hoy conocidas como santo parado, el cual consistía en el otorgamiento de derechos rituales que permitieran a la persona hacerse custodio o servidor de determinado Orisha pero no era parecida a la “coronación” conocida en este tiempo. La metodología de iniciación correspondía con cada una de las regiones a la que perteneciera un grupo en específico y lógicamente podían distinguirse ceremonias de origen variado, predominando las de los Oyo, Ewagdo, Ijesá y la de los Arará (Radá) de Dahomey.  
 
La diseminación de la Regla de Osha en Cuba  y su alcance allende la región insular, se debe a la presencia de tres mujeres Oriatés, Efunshe Worikondo, Oba Tero y Ayayí Lewú, Latuán, cuya búsqueda de posición dentro de la sociedad yoruba descendiente y su papel como guardianas de las tradiciones heredadas de su Africa nativa, las constituyeron en pilares fundamentales de la práctica religiosa de nuestros tiempos. 

Los primeros Cabildos de los cuales se tiene registro histórico en Cuba datan de 1568. No fue sino hasta 1755 cuando la Iglesia Católica aprobó y oficializó dichas sociedades (conocidas como Sociedades de Mutuo Socorro), previo juramente de sus integrantes de adoptar a la Virgen María como su patrona y regirse por la religión de los blancos, dejando de lado sus deidades originarias y aceptando a las nuevas como las “valederas”. Ello obligó a los esclavos a la implementación de una forma de religión que le permitiera adoptar a las deidades extranjeras y continuar practicando su fe originaria, estableciendo analogía entre ambas y dando origen al Sincretismo como forma característica de la práctica Orisha no sólo en Cuba sino también de algunas religiones de antecedente afro en Brasil, donde a través de la Curia portuguesa tuvieron que asimilarse algunas deidades al santoral católico, para perpetuar las creencias originarias y también sobrevivir al castigo y las sumisión generada de forma obligada por el colonizador. 

El Sincretismo consiste en una homologación o equivalencia entre los Orishas (deidades Yorubas) con los Santos Católicos, basándose en un punto de vista colonialista, donde se obligaba a los esclavos adorar a las deidades católicas, haciéndoles creer que eran las mismas deidades de sus culturas originarias. También se asimilaron otras por parte de los mismos esclavos a partir de formas similares, colores y vestimenta de esas representaciones católicas. Asi se asimilaron a Oshun con la Caridad del Cobre, por el tema del barco y la pesca, Yemayá con la Virgen de Regla por la maternidad (tiene al niño en brazos), Shango con Santa Bárbara (viste de rojo, tiene una copa que parece un mortero y usa espada) y así sucesivamente. Si no eran cualidades físicas, fueron cualidades de tipo espiritual pero se asemejaron y dicha idea se entronizó de tal modo en la fe de los afrocubanos que aun hoy en día se practica como cosa cotidiana, tanto que a las deidades de origen yoruba muchas veces se las menciona por su nombre católico.

Este mecanismo de asimilación fue un arma de doble filo que utilizo la Iglesia Católica, con el fin de supervisar las actividades litúrgicas de los esclavos pretendiendo que sus creencias fueran convertidas al paso del tiempo y se abandonara la religión de los ancestros africanos. Lo africano era satanizado y de ello tuvo conciencia inmediata el esclavo quien se valió de la estrategia del esclavista y lo engañó, haciéndole creer que practicaba catolicismo pero continuaba con su liturgia ancestral en estricto secreto. Bajo el velo de una falsa conversión católica; el afro descendiente llegó a esconder los secretos de sus deidades dentro de las estatuas de madera y yeso de los santos mártires católicos, salvando por su parte su derecho a creer en sus deidades, pero condenando a la vez su práctica a un velo de oscuridad y ocultismo, pues si llegaban a ser descubiertos, serían condenados a castigo, látigo, bozal e incluso pena de muerte. En Tierra Yoruba las ceremonias religiosas no se esconden y las iniciaciones se celebran y algunos aspectos pueden mostrarse en fotografías, pero en América se hizo necesario esconderse y esa es la principal razón del por qué las ceremonias afrocubanas se rodean de un absoluto hermetismo para la comunidad no practicante y tampoco pueden ser fotografiadas. Más que por un hecho de misterio religioso, lo debía ser por mantener la clandestinidad de sus acciones. En consecuencia, ese mecanismo de protección, terminó convirtiéndose en absoluto tabú.

Otro elemento que jugó un papel importante en el proceso de transculturización de los grupos de origen afro, fue la relación directa establecida con los dueños de ingenios y plantaciones y señores de casa, lo cual permitió el intercambio por una parte y la pérdida por la otra, de elementos culturales, espirituales y de costumbres cotidianas para ser sustituidas por las de ese criollo, descendiente de españoles. Las cartas españolas como herramienta oracular tomó una posición nueva en manos del afrocubano, así como también se asimiló la sesión espiritista y los conjuros y santiguadas de origen católico, al repertorio de eboses, medicinas y apaciguamientos originarios de su África nativa.  

Durante el Siglo XVIII Cuba era uno de los territorios bajo dominación española que subsistía gracias a la presencia de mano de obra esclava.  El ingenio y la plantación requerían cada vez más de esa fuerza laboral y paralelo a ello, el interés de los Oyó de mantenerse como imperio dentro de África Occidental., los llevó a incursionar en la trata como forma de ganar no sólo dinero, sino también de agigantar su dominio en los territorios vecinos.

Según Miguel “Willie” Ramos, investigador de la formación de la Regla de Osha en Cuba, “La predominancia (sic) de Oyó comenzó probablemente a principios del siglo XVII. Como muchos otros reinos africanos del oeste de aquella época, Oyó no se había convertido en un imperio político unificado hasta comienzos del siglo XVII. Ayudado grandemente por su posición geográfica localizada – en una extensa área de sabanas – así como también por la introducción y la adopción del caballo como uno de sus principales recursos militares, para finales del siglo XVIII Oyó ejercía un control considerable en África Occidental y también se había convertido en un importante abastecedor de carga humana para el comercio de esclavos. La localización estratégica de Oyó a lo largo de las rutas del comercio trans-sahariano que atravesaban el continente contribuyeron al desarrollo del imperio también. Los Oyó ganaban una renta considerable por la venta de prisioneros de guerra norteños y de otros desafortunados, que fueron comprados de los comerciantes, para quienes Oyó era una parada importante en su viaje al sur”.

El número de los esclavos provistos por Oyó para la exportación, alcanzó su máximo nivel en la década de 1780 a 1790. No obstante, la indiferencia despiadada de las leyes imperiales, habían fijado un mal precedente que culminaría en la rebelión de los estados súbditos de Oyó  y tras una lucha de muchos años, el imperio dejó de existir. Fue durante este periodo de dificultades en África y de alta producción de azúcar en Cuba, que los yoruba, entonces mal llamados  Lukumí, hicieron su entrada en número considerable en las zonas de Brasil, Cuba y las Antillas Británicas. Antes de esta fecha, ya entrado el Siglo XIX, la presencia yoruba en el contingente esclavo de procedencia múltiple, no excedía el ocho por ciento de la totalidad. Antes de 1850, menos de veinte años después del fallecimiento del imperio de Oyó, el nativo yoruba compuso una pluralidad demostrable en Cuba: casi 35 por ciento de la población auxiliar total de la isla.

A mediados del siglo XIX, después del triunfo de la revolución en Santo Domingo y el establecimiento de la república haitiana en 1803, Cuba había florecido como la posesión más preciada de España en el Caribe. Con la destrucción de la industria de azúcar de Haití, se convirtió en el primer productor de ese rubro en el mundo. Su expansión económica dependía del trabajo manual proporcionado por los esclavos africanos. En poco más de cien años, Cuba también se había convertido en el importador de esclavos más grande de América española en la historia del cuarto siglo del comercio esclavista. 

Es en este contexto histórico en donde se desencadenan los hechos que habrían de determinar el asentamiento definitivo de la Regla de Osha y de todas las manifestaciones culturales que hoy constituyen parte fundamental de la expresión del afrocubano. 

Según estudios antropológicos, las mujeres han desempeñado un papel fundamental en la religión nacida en América, pero no sólo aquí sino que África natal aún siguen ejerciendo como directoras de ceremonial y difusoras de su sistema filosófico y religioso. Ellas son quizás el 90 por ciento de las “aborisadé” (o responsables de la dirección ceremonial) en la adoración de Orisa, conocida en América como Osha. 

Según la tradición oral cubana, hubo tres iyalorishas: Ma Monserrate ‘‘Apóto’’ González “Obá Tero” y Ñá Rosalía Abreú “Efunshé Warikondó”, las cuales se cree que eran de la región de Egbado y Timotea Albear “Ajayí Lewú”, conocida como Latuán, nacida en Oyó, a quienes por parte de la comunidad religiosa cubana, se les brindó respeto y consideración, debido a la posición jerárquica que ocuparon y al conocimiento que ostentaban.

De la rivalidad y de su necesidad de mantener posición y espacios de poder dentro de sus tradiciones, surgió la división de la jurisdicción religiosa para la isla entre Obá Tero y Latuán. Las consecuencias de este choque fueron la expansión de la ceremonia de ordenación “Habana” (con fuertes rasgos de Oyó) hacia Matanzas y la reconciliación del Arará (Radá) y el Yorubá, dos etnias africanas separadas y reunidas aquí en América, a un punto tal que formaron una nueva metodología híbrida la cual es objeto de discusión por parte de muchos estudiosos, defensores de ambas culturas. 

Al descendiente del yoruba nacido en Cuba se le conoció como lukumí. Así mismo se conoce a su rama religiosa. No importa si es en su forma primaria, la cual se conoce como “santo parado”, entrega de Eleguá (en sustitución de Esu) y Orisa Tutelar, la cual es más parecida al Adosu yoruba o si es Regla de Osha, práctica “moderna”, más alejada del yoruba tradicional, nacida en 1904, la cual da carácter a la forma de religión Orisha conocida en Cuba en la actualidad. Es importante destacar que no se trata de que los otros métodos se hallen en desuso o que no sean válidas, pero La Habana, al ser el epicentro político y social de su tiempo, habría de tener influencia clara en otras regiones de la isla y también sería lugar de intercambio con otras naciones, expandiendo varios aspectos de su diversidad cultural, incluidas religión, música y costumbres. 

En el transcurso del desarrollo de la Regla de Osha en La Habana, se une a este movimiento una mujer de origen Ewagdo, Rosalía Gramosa,  conocida como Efushe Worikondo, la cual se dice fue ordenada en Ochosi, pero otros estudiosos afirman que en Obatalá, pues su nombre parece ser diminutivo de Efusheton, (bañada en cascarilla) y ese orukó corresponde con los iniciados en dicha deidad. Efushe “metodiza” la forma que hoy se conoce como Regla de Osha. Modifica la doctrina y añade cuatro deidades más a la ceremonia de iniciación. Sustituye el “santo parado” por el “Asentamiento” o “Kari Osha” el cual consiste en la entrega de “los cinco Orishas Principales” (Obbatala, Yemaya, Oshun, Shango, Eleguá), comienza a poner las deidades en la cabeza en simbolismo de coronación, añade dos colores más (azul y amarillo) al rojo y blanco de la liturgia yoruba,  promueve la tirada doble del caracol en la adivinación para obtener una letra complementada y realiza el primer “Pinaldo” o confirmación de la alimentación de los Orishas. 

Dichas prácticas continuaron después de su muerte en 1920, debido a la cantidad de adeptos que tenía y la fama que la precedía a su precursora. Es la forma de religión Orisha que conocemos en mayoría y fue difundida en algunas comunidades de habla hispana de Estados Unidos y Puerto Rico, así como también en Venezuela durante los años 50, estableciéndose definitivamente en nuestro país en la década del 70. 

La “Regla de Osha” o Santería Afrocubana, a pesar de la diferencia tan marcada en muchos aspectos de la religión Orisa de Tierra Yoruba, ha mantenido como base fundamental la adoración a los Orishas, las cuales son representados con piedras y elementos de la naturaleza, como madera, hierro, objetos marinos, entre otros de origen mineral, animal o vegetal,  así como también ha mantenido el mismo medio de comunicación con las deidades por medio del Eerindilogun. Lamentablemente, se perdieron formas idiomáticas propias y se dió paso a una nueva lengua nativa, producto de la mezcla de varias etnias, dando origen al Anagó o al Lukumi americano, el cual difiere notablemente de la lengua de los ancestros. 

La Regla de Osha tiene formas y métodos propios, siendo claro su origen y vinculación con el elemento yoruba. No obstante, también se alimentó de formas del catolicismo y de otras etnias de origen afro como los Congos, adoptándose prácticas como “rayarse en Palo” antes de consagrar Osha o tener un munanzo en casa. Esto debe entenderse que nace producto del intercambio cultural surgido entre miembros de distintas etnias que compartieron juntas, que por razones religiosas. El Palo Monte vino de África Central, Orisha de África Occidental y en el Continente no se conocieron unos con otros. Los oráculos propios de cada uno son el Errindilogun para Osha y Chamalongos para Palo Monte, por ello es importante que ambos se mantengan separados unos de otros. El hibrido de origen quedó claro y dio a luz a Regla de Osha, una cultura con identidad propia, la cual actualmente corre el riesgo de perderse por influencias externas en cuanto al uso de métodos de adivinación que son ajenos y también transculturizantes en su contenido general. El “santero” debe usar caracoles y no chamalongos, barajas, tabacos o vasos de agua para interpretar la palabra de Orisha. 

Respecto de lo anterior, es importante reconocer que el contenido del oráculo del Dilogún americano, procede de Ifá, por cuanto Babalorishas e Iyalorishas tienen un método unificado de interpretación. Si se altera, entonces se terminan marcando obras con espiritus, embajadas espirituales, nsalas de Palo Monte y trabajos de tipo similar, lo cual nada tiene que ver con Orisha y aleja al devoto del legado originario de Efushe y los mayores que formaron la Regla de Osha de Cuba.  

La práctica de Cuba es sincrética y si bien es cierto que permitió se mantuviera la fe en Orisha perpetuada en el tiempo, es un elemento que lacera la verdadera identidad yoruba. Aceptando que son deidades católicas, estamos negando a nuestros yoruba y anteponiendo una cultura extraña a la de nuestros ancestros. Tampoco el hecho de provenir de familias católicas y de predominar el elemento euro centrista en nuestra cotidianidad, autoriza a negar una cultura de amplio desarrollo en la África Occidental de su tiempo y que es hoy ejemplo de paz, hermandad y legado patrimonial para la humanidad toda. Los iconos del catolicismo se usaron para aniquilar el pensamiento originario de muchos lugares. Es justo entonces que se dé a cada quien el lugar que merece, más allá de consideraciones que puedan herir a quienes piensan diferente. Como practicantes de Ifá Orisa Tradicional, abogamos por el buen carácter y la paz, así que esta observación se hace sin ánimos de señalar a ninguno.  

Ifá Afrocubano:

En la cultura Yoruba, Ifá es la palabra de Olodumare (Dios - El Supremo) transmitida directamente a Orunmila (Irunmole de la Sabiduría y Testigo de la Creación, Elerí Ipin), el cual la codificó y agrupó en 256 casilleros (versos, capítulos, Odu), con el fin de que este mensaje pudiera ser comprendido por los seres humanos, para de esta forma poder ayudarnos y guiarnos en nuestro tránsito por el planeta Tierra.

Para sus devotos, Ifá es más antiguo incluso que la existencia del mismo planeta Tierra e incluso el Sistema Solar. Ifá es la religión que se practica en el Cielo.  Es la religión que todos los Irunmoles y Orisas practican, ya que Ifá es el conjunto de instrucciones del mismo Olodumare tanto para todo ser existente, Irunmoles, animales, plantas, seres inanimados y seres humanos. Es por esta razón que los Yoruba más que practicarlo como una religión, lo adoptan como una forma de vida, como su propia cultura. 

Según Ifá el centro de la vida y la cuna de la raza humana es África. Esta teoría fue apoyada por la ciencia miles de años más tarde, al demostrar que los continentes como los conocemos hoy en día, en un principio fueron una sola masa de tierra gigantesca unida, la cual fue denominada por la comunidad científica como “la gran panguea”, al igual que los fósiles más antiguos asociados con la raza humana han sido encontrados en tierra africana. Del mismo modo existen hallazgos arqueológicos y pruebas históricas, que afirman que la cultura yoruba realizaba prácticas de ifá, incluso antes de que cualquier otra forma de religión se manifestara.

Desafortunadamente al igual que las otras tres religiones que mencionamos anteriormente en este escrito, incluso el mismo Ifá fue susceptible a los cambios y ataques productos de la trata esclavista que sufrió la comunidad africana. Sin embargo, hoy en día podemos asegurar que gracias al ahínco y esfuerzo sin precedentes de los esclavizados por mantener viva su cultura, Ifá es conocido en todo el mundo y ese movimiento esclavista lejos de diezmar una cultura lo único que consiguió fue expandirla por todo el planeta. La raza afro descendiente, no importa su mezcla, es la mayor en número y manifestaciones que cualquier otra raza humana. 

Cómo en el nacimiento de todas las diásporas, la mezcla de costumbres, el uso de elementos sincréticos y los intentos de suprimir una cultura y sustituirla por otra en tiempos de colonización, dan origen a nuevas manifestaciones sociales o religiosas. Es así como Ifá en Cuba adquiere formas distintas a cualquier otro linaje de tierras africanas siendo un hecho tan notorio, que dentro de la misma Tierra Yoruba, se le reconoce como un linaje más de la práctica Ifá. 

Es importante señalar que a pesar de que en tierras africanas existen diferentes linajes de ifá según la región en la que se practique, todos ellos basan sus liturgias en el contenido de los 256 Odu de Ifá, los cuales tienen el mismo contenido, historias y rezos en todos los lugares de África en donde se conozca Ifá. Los sacerdotes de Ifá  utilizan los mismo utensilios:  Iyerosun o polvo de adivinación en el oponifá, el cual es obtenido del aserrín que rasgan las termitas del árbol de Irosun, los Ikines ;semillas sagradas de palma, el Iroke; campana de madera la cual suenan al realizar sus versos y golpean contra el tablero al momento de invocar un Odu, Irukere ; cola de vaca, la cual utilizan para limpiar los astrales negativos en los encantamientos, Opon Ifá es un tablero circular o rectangular de madera el cual se realiza artesanamente y lleva por lo general la cara de Esu como testigo en la parte superior del mismo y  Opele que es una cadena realizadas con semillas del árbol de Ope, la cual es lanzada para consultación a ifá. En tierra Yoruba, es de vital importancia que un practicante de ifá honre y mantenga la tradición de su linaje, ya que esto expresa y resalta el respeto que él tiene con sus antepasados quienes le enseñaron esta práctica milenaria y es por esa razón que a pesar de utilizar los mismos utensilios y basarse en los odu de Ifá cuyo contenido es el mismo, nunca veremos a un Babalawo (sacerdote de Ifá) de Oyó realizando itelodu (iniciación en Ifá), ebo (sacrificio), o dafa (consulta a Ifá), del mismo modo que un Babalawo de Ilé Ife, por ejemplo, debido a que sus formas de practicar Ifá, ancestralmente son diferentes. Si un Babalawo llegase a mudarse de su región de origen por la razón que fuera, el seguirá practicando ifá tal cual le fue enseñado por los antepasados de su linaje, es por esta razón que hoy en día es común ver en tierra Yoruba varios linajes en una misma ciudad, sector o calle, incluso en casas vecinas.

En la práctica cubana, la diferencia va más allá del itelodu, dafa o ebo. No sólo eso es diferente, sino que al ser un compendio cultural producto de la mezcla de distintas etnias, se tiene como resultado un corpus literario de 256, pero con cambios realmente notorios, de contenido y forma, respecto del Corpus literario de ifá tradicional yoruba.  El Babalawo catolizado tuvo que incluir en sus escrituras parte de los procesos sociales y religiosos que tuvo que vivir durante la Trata y también durante el intercambio multiétnico ocurrido en Cuba. A los Orishas y eses del Ifá Tradicional, se tuvieron que adicionar historias del Catecismo y la Biblia. También se añadieron utensilios modernos como el revólver o el bombillo, que nacen en algún Odu Ifá, asi como también ceremonias o deidades de Palo Monte o historias cotidianas que no existen en la literatura yoruba ni en su panteón. Los 256 Odu de Ifá en América fueron reducidos a refranes populares, para explicar aspectos de la vida, cuyos orígenes no estaban bien definidos producto del desconocimiento de los nuevos practicantes y de los esclavos yorubas jóvenes, los cuales eran apenas aprendices de las enseñanzas de ifá y no manejaban el conocimiento de una manera profunda.

El corpus literario de Ifá en Cuba fue mutilado y reducido a un refranero que expresa la sabiduría de la experiencia en esa tierra de adopción forzosa y también de enseñanzas universales. El refrán como herramienta literaria alude a la sabiduría de un pueblo o sociedad. Es su expresión coloquial. Consiste en dichos populares, breves, de verdad comprobada, generalmente simbólicos y expuestos, muchas veces, en forma poética que enuncian, en forma figurada y pintoresca, la sabiduría de la experiencia del pueblo, de la humanidad, de ayer y de hoy, proyectada en el cauce de la vida. En Cuba se han realizado varios estudios centrados los refranes populares, entre los que destaca singularmente los que han sido realizados por Samuel Feijoo y que recogen de modo inigualable esas expresiones del ingenio popular que son nuestros refranes.

El refranero popular cubano se caracteriza por el elemento multicultural al que Don Fernando Ortiz, primer investigador cubanía mestiza, definiera como “ajiaco”. Investigaciones han demostrado que en Cuba los refranes son empleados en todos los estratos sociales, tanto en zonas urbanas como rurales. Como fruto de la conciencia improvisadora del criollo representan la frescura y viveza del lenguaje popular, y constituyen una muestra de la acertada riqueza de observación y la dinámica, consciente o inconsciente, del pensamiento popular. El refranero popular cubano abarca todos los temas de la vida: amor, religión, política, ciencia, naturaleza, filosofía. Entre los refranes relacionados con la herencia española cultural, se destacan aquellos relacionados con temáticas religiosas, pero más bien con un sentido popular y un poco profano. Sobresalen en este campo:

“Al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga.”
“Al que madruga Dios lo ayuda.”
“El hábito no hace a monje.” 
"No dejes camino por vereda."
"Más vale un buen amigo que un peso en el bolsillo."
"El que tiene tienda, que la atienda, y si no, que la venda!"
“Su más amigo es su peor enemigo”

Entre los refranes relacionados con la sabiduría popular de los campesinos, a la que en más de una ocasión hace referencia Samuel Feijoo antropólogo cubano, podemos señalar algunos como:

De cualquier palo podrido, sale un sijú.
Cuando el majá sube al palo, el palo tiene jutía..
De la mentira nace la verdad.

El perro tiene cuatro patas, pero no puede coger cuatro caminos.

Perro no come perro.(Caimán no come caimán)

El refranero popular cubano recoge además muchos refranes que aunque se aplican a diferentes situaciones están relacionados o hacen mención a comidas, sobresalen entre los más comúnmente empleados: 

A quien no quiere caldo, se le dan tres tazas.
El que siembra su maíz, que se coma su pinol
Con hambre vieja no hay pan duro.
El muerto al hoyo y el vivo al pollo.
Los refranes como muestra de la cultura popular cubana han encontrado su expresión en otras formas de la cultura tales como la música tradicional, de donde además se han tomado algunos estribillos que dada su popularidad han devenido refranes. Cabe mencionar en este grupo:

Toma chocolate y paga lo que debes.
Quítate de la vía Perico, que viene el tren.
Cuidaíto compay gallo.

El refranero popular cubano goza de infinidad de frases, dicharachos, fórmulas verbales, que se han venido incorporando de manera paulatina al corpus de Ifá y adaptando vivencias de personas como por ejemplo si había una persona que fuera ladrón, traidor o no fuera muy popular y estaba iniciado en Ifá y su odu era ogbe ate se plasmó en ifá y se hizo ley, por eso vemos en la actualidad como personas sin conocimiento reducen el corpus de Ifá llamando al odu Ogbe Ate el gran traidor, o cuando se debela un odu decir que nace el fotógrafo, o el bombillo. Ifá está escrito en versos, historias, cantos, parábolas, ya que antiguamente la transmisión de conocimiento era oral, y esta era la mejor forma de memorizarlo.

Igualmente y producto de la reestructuración forzosa de las escrituras de ifá, se crearon nuevas ceremonias, nuevos términos lingüísticos y el implemento de nuevos instrumentos para la adivinación y realización de las nuevas ceremonias, por lo que se empezó a implementar el polvo de ñame en sustitución del iyerosun, se reemplazó la campana de madera por el cacho de venado que se utiliza para golpear el tablero de ifá durante la realización del Ebo. El opon tiene una cruz cristiana en vez de la cara de Esu Odara y los otros puntos cardinales tienen una calavera, el sol y la luna. Se implementó en lugar de la cola de vaca una cola de caballo, y en lugar del Opele se comenzó a utilizar ekuele el cual es una cadena realizada con diferente tipo de conchas, las cuales pueden ser: coco, caparazón de tortuga, marfil, metal, piel de cocodrilo, semillas de mango, entre otros. 

En este mismo orden también hubo deidades de las cuales el conocimiento de su existencia no llegó a tierras cubanas junto con los esclavos, tal es el caso de la Orisa Igba Odu, la cual es esposa de Orunmila y es una deidad necesaria al momento del Itelodu de un Babalawo. Igualmente, se implementaron y crearon conceptos de nuevas deidades inexistentes en tierras Yoruba, como lo es Olofin, el cual pasó a ser el reemplazo de Igba Odu en la ceremonia de Itelodu de los nuevos Babalawos de la Diáspora.  También se crearon otras producto del santoral católico y de otros rituales extraños a los yoruba. 

Tal es el caso de “Abita” como encarnación del Diablo. La idea de un ser antagónico a Dios, como el Diablo, es netamente católica, así como la idea de un Oduduwa crucificado y de una ceremonia del “paso del Santísimo”, a las doce de mediodía, hora de adoración del sagrario católico. 

Estas son muchas de las razones que hacen diferente a Ifá afrocubano de cualquier otro linaje Yoruba. Esto explica por qué a veces no encontramos sustentos desde un lado a la ceremonia del otro ni viceversa. Por eso algunos afrocubanos dicen: eso no existe y no puede ser y algunos africanos hacen lo mismo. Hasta no comprender que nuestros 256 odus no son iguales, nuestras liturgias tampoco lo son y no pueden establecerse analogías entre una práctica y otra. 

Si bien es cierto que las diferencias entre la práctica de Ifá entre Cuba el Caribe es bastante marcada respecto de la Tradicional Yoruba y que no se parece a otro linaje conocido, también es cierto que gracias a eso y en honor a los esfuerzos realizados por los Babalawos que mantuvieron viva esta cultura fuera de su tierra de origen, en África hoy en día ser reconoce al linaje Afrocubano, como otra rama más, surgida por necesidad de supervivencia y también es respetado porque a pesar de no ser tan antiguo, se constituye en una tradición sólida.  

La verdadera esencia del Ifá Afrocubano es la de la supervivencia. Gente que llegó esclavizada y sólo con un taparrabos, logró muchas a veces con pocos conocimientos, dar forma a un modo de preservación de Ifá, el cual es del recurso y el ingenio por garantizar su permanencia en sus corazones y en la fe de sus descendientes. El Babalawo cubano se las arregló para transmitir su conocimiento a nuevas generaciones y así ha lo ha cultivado por más de cien años. 

La practica tradicional Yoruba llegó a Cuba a mediados de los años ochenta. Más o menos en 1986, el Oluwo Frank Cabrera Ogbe She, fue instruido por Oluwo Taiwo Abimbola, nigeriano, originario de Oyó, convirtiéndose en pionero del conocimiento de Ifá Tradicional en Cuba. La práctica del Isesé Ifá, desconocida en la isla, trajo controversias y ya había quienes se expresaban negativamente a respecto. Hacia los años dos mil, en Venezuela comienzan a conocerse también practicantes de Ifá Tradicional y personajes como Santos López Ifatalami, formado por Oluwo F’alokun Fatumbi y José Hidalgo, Ifatokun, instruido por Oluwo Solabagde Popoola, se constituyen en los pioneros de esta enseñanza en Venezuela, no sin controversias por parte de los awoses locales y tampoco fuertes criticas, las cuales aun no cesan, por desconocimiento del legado venido de Tierra Yoruba. 

A partir de ese momento, los Babalawos americanos comprendieron que su práctica no era la más antigua, la única, ni la primera en cuanto a Ifá se refiere, debido a que incluso en tierra Yoruba existen distintos linajes de Ifá, aunque con el pasar de los años se ha logrado entender que esto no significa que el Ifá afrocaribeño o cualquier diferencia entre uno y otro linaje en África esté malo. La palabra linaje alude a legado y mientras se mantengan las formas propias heredadas por los ancestros cubanos, en cuanto a rituales, materiales ceremoniales e indumentarias físicas, se mantiene su tradición. Malo es pretender cambiar prácticas, instrumentos y enseñanzas por nuevas traídas de África, poniendo en minusvalía al Ifá afrocubano, sea por desconocimiento, esnobismo o mercantilismo. Ello sí significa un problema que pone en peligro a ambas tradiciones.

Recrear Ifá afrocubano sí es un atentado en contra de su identidad y quienes observamos ello con preocupación somos los tradicionalistas. Se está atentando en contra de la identidad afrocaribeña cuando vemos a un Awó usando quilla amarilla con verde y usa una invocación en lukumi, mientras usa opele y no ekuele afrocubano. Habla Odu afrocubano pero prescribe sacrificios de Tradicional. Realiza Ebo Riru, no Katero y usa iyerosun en vez de polvo de ñame pero pone cartucho de papel, hoja de malanga y flechas de cartulina. Tampoco usa cacho de venado sino campana de madera y cola de vaca en vez de cola de caballo.  

Hay casos de awoses que realizan iniciaciones y omieros pero no cantan el tradicional cubano sino que cantan el “susu o” de la liturgia tradicional yoruba y usan obi abata y orogbo en vez de Obi Agbon, o coco tal y como se acostumbra en Latinoamérica. Hay quienes afirman ser practicantes de Ifá Tradicional, pero realizan plantes de “mano de Orula” como se realiza en el linaje Afrocubano y en lugar de colocar un ide de cuentas amarillas y verdes, lo colocan de cuentas verdes y marrones, aún cuando saben que en ifá tradicional la practica denominada “mano de Orula” se llama Isefa y es totalmente distinta. 

En párrafos anteriores se enumeró que las dos principales diferencias entre Ifa Tradicional e Ifa Afrocubano son el idioma, lukumi para los americanos y yoruba para los nigerianos y la literatura la cual en este lado del mundo no está compuesta por versos sino por historias y refranes. Es por ello que no hay ceremonias nigerianas registradas en la liturgia afrocubana y tampoco viceversa. A veces incluso no existen ceremonias de un lado que sí podrían existir en el otro. En tal sentido, hay que reflexionar a respecto de la idea de que si pretendemos mezclar ambas formas de Ifá, estaríamos irrespetando ambas culturas. Creando un nuevo linaje y abandonando nuestras raíces y nuestra herencia. Esto es muy preocupante, sobre todo en Venezuela. Estaríamos creando una nueva religión, ecléctica y debería llamarse algo así como Afro tradicional venezolana, la cual llevaría al abandono y pérdida de las tradiciones y características propias de cada legado. 

Hay que reflexionar acerca de que es lo que queremos dejar a nuestros hijos. Un linaje autentico y ancestral con un origen solido que los ayude a ser mejores personas o una mezcla sin historia por simple moda o por no asumir posición, la cual se siga distorsionando carencia de bases sólidas acerca del conocimiento que manejamos, la cultura que profesamos y que debemos defender. Llamo al estudio y al cultivo de cada una de nuestras creencias religiosas, tanto las que mencione anteriormente como las que cualquiera de los lectores pueda tener. Debemos mantenerlas puras, sin más mezclas o daño del que ya sufrieron con el pasar de los años y los golpes de esclavistas por el intento de dominación desesperada.

Deben desaparecer costumbres y prácticas como el sincretismo, puesto que ya no hay religión dominante y hay reconocimiento de la diversidad cultural, además de acceso a la información de primera mano por medio de redes sociales. Corresponde estudiar, leer, investigar. En lo que sea que creamos, acercarnos más a Olodumare, el Supremo,  para construir a diario un mundo mejor y lograr que nuestros hijos y seguidores tengan un mundo mejor que el que nosotros tenemos y practiquen una religión que les enseñe a vivir en paz, con respeto por su propia identidad y por  todo cuanto les rodea.

Finalmente, exhorto a quienes estamos iniciados en varias tradiciones ancestrales de las aquí mencionadas, como Espiritismo, Palo Monte, Regla de Osha o Ifá, que intentemos no crear híbridos entre ellas,  para que podamos conservar las tradiciones que nos legaron nuestros antepasados y no ir distorsionando las verdades y principios a los que se apegaron y en los cuales se sustentan desde sus orígenes. 

Quien desconoce o niega su Historia, está condenado a repetir sus fracasos. Sólo el conocimiento nos hace libres. 

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