viernes, agosto 17, 2012

REFLEXIONES QUE NOS ENSEÑAN PARTE DE LA HISTORIA DE LA OSHA, POR EL BABALOWO MARCELO MADAN.


A todos aquellos que piensan que nuestra religión es rígida y dogmática se equivocan, he sido fiel testigo en mis 61 años de tener Osha que cumplo hoy 15 de agosto de todo lo contrario. No he sabido de otra religión tan sabia y verdadera como la nuestra y de la cual estoy orgulloso. No tenemos plena conciencia todavía del gran legado que nos han dejado nuestros antepasados hijos 
y nietos de los que fueron sacrificados y traídos como esclavos a este continente. A caso muchos creen que ya se sabe todo lo que hay que saber?, que equivocado están. Precisamente apenas si comenzamos a conocer algunos someros aspectos de nuestra ancestral cultura. Basta solo tener en cuenta que de los 256 odu de Ifá apenas si se ha podido reunir en occidente, unos pocos miles de patakies y el más conocedor de ellos no sabe más de una docena de cada uno como mucho. 

En nuestro trabajo de recopilación de información en todo el basto campo de la literatura de Ifá y de los Oshas, me he dado cuenta por ejemplo de la inmensa cantidad de errores que cometieron aquellos que escribieron lo que escuchaban hablar de los más duchos sabios Babalawos de la época como Miguel Febles y Agapito Piloto, y tantos otros, para citar solo algunos y que estuvieron dispuesto a relatar historias, anécdotas, rezos y versos de Ifá, que al escribirlos en las condiciones que lo hicieron cometieron innumerables errores. Y es lógico y hasta natural que eso sucediera si tenemos en cuenta la forma en que muchos de éstos escritos se realizaron. Muchos Babalawos que vivieron en la época contaban de lo estricto que eran esos personajes dentro del cuarto de ifá, no permitían que nadie sacara papel y lápiz para anotar nada y el que se atrevía hacerlo, era terriblemente amonestado y esto llegaba incluso hasta el bochorno. 

En mis averiguaciones sobre estos temas pude conocer de buena tinta de boca de mi propio padrino Ruben Pineda Baba Eyiogbe, cómo fue duramente requerido en público por su padrino “El Mapo” renombrado Babalawo del poblado de Guanabacoa en la Habana, uno de sus ahijados ayudantes el cual tuvo el infortunado desliz involuntario de no balancear lo suficiente el animal que se le estaba sacrificando a un santo en una matanza, lo cual provocó que le callera un poco de excremento del animal sobre el santo, cómo Bernabé Menocal le decían el tirano del cuarto de Ifá porque había que rezar de memoria primeramente antes de disertar sobre un determinado Odu y recordar además la Obra o ebo de ese camino. Era terriblemente humillante en esa época ser requerido o señalado por uno de estos colosos de la sabiduría.

Muchos Awo que tenían algún grado de escolaridad porque supieran leer y escribir fueran invitados a la celebración de alguna ceremonia de consagración de ifá por ejemplo, llevaban papel y lápiz escondidos en sus bolsillos y a escondidas, realizaban sus anotaciones. En estas condiciones transcurrieron varias décadas comprendidas entre la primera mitad de siglo XX en la habana. Pueden ustedes entonces imaginarse señores, en esas condiciones, la ortografía resultante de aquellos escritos, al sonido además del lukumi castellanizado en boca de aquellos señores impregnado además, de un lenguaje muy propio del populacho del occidente del país, concretamente las provincias de la Habana y Matanzas.Todos sabemos la diferencia en el asento y vocabulario del habitante habanero y matancero con los habitantes del resto de la isla y dependiendo fundamentalmente de la zona en que se encuentre. Por ejemplo la gente de la habana, tendía a pronuncia algunas palabras con un cierto acento sobre la letra “G” y la “D” como por ejemplo: Aggayú por Agayú, Oggún por Ogún, Oddun por Odu, addimú por adimu; y así sucesivamente innumerables palabras que sufrieron tales influencias regionales.

No quiero aquí pecar de lingüista ni mucho menos, pero tengo cierta inclinación a pensar que esta influencia nos viene como una reminiscencia del dialecto yoruba al pronunciar Gbogbo – que quiere decir: -- Toda, todos, Todas, mucho-- y Gbò-- que quiere decir: Procurar, Encontrar, Prosperar-- , que son de muy frecuentes usos en el vocabulario. Este deje por ejemplo se ha transmitido de generación en generación en la descendencia en la parte Occidental de cuba donde dicho sea de paso, ocurrieron los mayores asentamientos esclavos yorubas provenientes de Lagos y otros puertos sub-occidentales de Nigeria. Pero ello no es de extrañarnos si tomamos en cuenta que en salvador de Bahía en Brasil, también se encuentran huellas en el hablar popular provenientes de los dialectos africanos.

Existe un contraste y una distorsión enorme entre los escritos que se ha recopilado de la literatura de ifá en cuba y el significado de las palabras que se encuentran en los diccionarios publicados supuestamente basados en la fonética de esos dialectos. No soy yo solamente quien está preocupado desde hace tiempo con estas diferencias, hay ya afortunadamente muchos que también lo están. A mi en lo particular me quedan dos caminos: o dejo las cosas como están y continúo escribiendo la caligrafía tal y como aparece estos manuscritos sabiendo que son incorrectos o trato de repararlas en el sentido más justo y cercana a la realidad. Muchos ejemplos pudieran señalarse de lo que aquí estamos señalando, una palabra muy comúnmente utilizad en casi todos los textos es la siguiente: Agbado – que el buen yoruba quiere decir --maíz tostado--. Bueno, por una de esas “traslaciones lingüísticas” de la que les hablé anteriormente, alguien en los manuscritos escribió: Awado y aguado por que así lo escuchó, Eja—que quiere decir pascado—aparece eyá, ella…., Ẹbọ --quiere decir rogación en el tablero de ifá—aparece: Ebbo, Ọkọnrin—quiere decir: hombre aparece: okuni, okoni….etc. y así pudiéramos traer innumerables ejemplos. Por fin como es? Cómo se escribe? ¿Cómo se pronuncia? Nadie se pone de acuerdo, porque además, estas palabras no quieren decir nada y sin embargo se sigue utilizando. Pero lo preocupante de esto es que la mayoría de las palabras encontradas en los textos, tienen estos mismos graves problemas lingüísticos e idiomáticos. Yo escogí el encomiable camino de aprender, para tratar de reparar en alguna medida cuanto he escrito hasta hoy, y con mucho más énfasis después que aprendí que nuestros antepasado yorubas relataban en sus Iyeres todo lo que se hace en los rituales y el porqué. ¿Usted podrá imaginarse ahora cuantos disparates estamos diciendo? Algunos que tal vez ignoren estas razones asegurarán de que yo me he convertido a las reglas del tradicionalismo africano, nada mas lejos de eso, pero en lo que a mi respecta no tengo ninguna preocupación por tales rumores. 

Para aquellos que hicieron posibles ayer, nuestros conocimientos de hoy atesorando celosamente esos fabulosos manuscritos el agradecimiento eterno. Pero a los que investigamos y escribimos los resultados de nuestras investigaciones, no tenemos ninguna justificación para no tratar de reparar errores y entregar a las futuras generaciones que seguramente serán mucho más cultas y preparadas que nosotros ,un camino trillado para que puedan conocer la verdad y la profundidad de la sabia de nuestra religión.